Coeficiente, ángulo y paralaje

Cuando se dispara a más de 250 metros el éxito del lance no depende solo del conjunto arma-visor-calibre que utilicemos ni tampoco de nuestra puntería. Intervienen otros factores que, si no se tienen en cuenta, pueden ser los responsables de que fallemos y dejemos la pieza herida.

Mientras probaba ‘mi’ nuevo Browning X-Bolt SF Composite Adjustable, momentos antes de salir a cazar por las montañas nevadas de Escocia, pensé en escribir estas notas sobre lo importante que es utilizar un equipo adecuado en un cazadero como en el que me encontraba: muy quebrado y sin apenas árboles, en el que seguramente tendría que disparar a piezas lejanas con ángulos de tiro considerables.

Así que comencé a repasar el equipo que portaba para ver qué me faltaba.

Disponía de un excelente rifle, tan preciso y ergonómico, pese al peso y largo extra que le aportaba el supresor sónico roscado en la punta de su cañón de 53 cm, que les aseguro que estoy pensando seriamente en comprarme uno, no porque los rifles que uso tiren peor sino porque poseen culatas convencionales y el lomo de la de la caja del nuevo X-Bolt se puede ajustar en altura, lo que te permite alinear perfectamente el ojo con el visor y hacerlo con la cara apoyada, lo que considero que es, como veremos más adelante, fundamental para no cometer errores de paralaje.

Su calibre, .308 Winchester, tampoco estaba nada mal y además nunca lo había utilizado en caza, por lo que me apetecía mucho probarlo. También consideré que, por sus características balísticas, la munición que pensaba utilizar era perfecta para cazar corzas y ciervas: la nueva Browning BXR, que además, debido al tipo de punta mixta aguda que utiliza, hecha de aluminio y de polímero, tiene un coeficiente balístico alto.

 

 

Pero echaba de menos que el visor, un Kite Optics 2,5-15×56, que tenía una calidad y diámetro de objetivo adecuado para ver y apuntar con nitidez y precisión las piezas en unos parajes tan nublados como las montañas donde íbamos a cazar, careciera de mando para regular el paralaje.

Y, sobre todo, echaba de menos el haberme dejado en casa mi telémetro con inclinómetro que me hubiera indicado la distancia de tiro corregida por efecto del ángulo de disparo, ya que el guarda solo portaba unos prismáticos-telémetro que no medían el ángulo.

¿Por qué? La razón es que, cuando se caza en montaña, incluso cuando la distancia no es muy grande pero sí con un ángulo de tiro muy pronunciado, es muy importante tener en cuenta este a la hora de apuntar.

Tanto es así que si no se considera el ángulo puedes fallar perfectamente, sobre todo si el animal es pequeño (un corzo, por ejemplo, que precisamente era una de las piezas que iba a cazar).

Por todo lo expuesto, ahora aclararemos cómo influyen los ángulos pronunciados en la eficacia del disparo, cómo hay que apuntar con ángulo; y también trataremos la importancia que tiene evitar los errores de paralaje y utilizar municiones con un alto coeficiente balístico.

EL ÁNGULO DE TIRO

Sobre una bala no solo actúa la fuerza de rozamiento del aire, que la frena a medida que avanza, por lo que pierde más o menos velocidad inicial a medida que se aleja de la boca de fuego, dependiendo de su diseño sea más o menos aerodinámico. Que viene a ser lo mismo que decir, como veremos en el apartado correspondiente, que tenga un coeficiente balístico más o menos alto.

También actúa la fuerza de la gravedad que, unida a la pérdida de velocidad a medida que se aleja de la boca de fuego, es responsable de la caída que experimenta el proyectil. Sin embargo, al ser la gravedad perpendicular a la superficie terrestre, la fuerza que ejerce sobre los proyectiles no es la misma cuando se dispara horizontalmente (que es como se miden las caídas de las balas que indican las tablas balísticas) que cuando se tira con ángulo.

 

fectivamente, con ángulo actúa como si la bala recorriera una distancia menor (como si estuviera sometido a su efecto durante un tiempo inferior) y, por tanto, la caída también es menor que el valor que proporcionan las tablas balísticas, por lo que si no se tiene en cuenta el ángulo se puede fallar la pieza.

Por esta razón, cuando se realizan disparos con ángulos poco pronunciados o en horizontal (cazando en una llanura o en terrenos poco montañosos) este efecto es despreciable o nulo y con utilizar un telémetro convencional, que nos informe de la distancia de tiro, es más que suficiente para calcular la caída de la bala o poder regular la torreta balística del visor.

Pero cuando tenemos que realizar un disparo a un blanco situado muy por debajo o muy por encima de nosotros (45 grados o más), es crucial tener en cuenta el ángulo de tiro porque si no lo hacemos nuestra bala impactará alta y podremos fallar.

En estos casos, como hemos dicho, la gravedad actúa sobre el proyectil como si disparáramos a menor distancia y por ello, siempre que se tira con un ángulo pronunciado, ya sea apuntando hacia arriba o hacia abajo, el tiro impacta alto. Incluso hay un refrán sobre este fenómeno que dice más o menos lo siguiente:

«A monte alto o a monte bajo, apunta siempre por debajo».

Pero, ¿cuánto hay que apuntar por debajo? Matemáticamente se puede determinar de forma indirecta, calculando la distancia de tiro corregida según el ángulo de tiro.

Sin embargo, no es nada fácil hacerlo porque hay que medir el ángulo y meter el dato en la siguiente fórmula de balística exterior:

Distancia a la que se encuentra el animal (la que proporciona el telémetro) x coseno del ángulo = distancia de tiro corregida.

 

Por ejemplo, según esta fórmula, si disparamos a un blanco a 400 metros con un ángulo de 45 grados, es como si lo hiciéramos, a efectos de caída del proyectil, a 280 metros (porque el coseno de 45 grados es 0,7).

Ya que cómo utilizar esta fórmula no es fácil, lo mejor es usar un medidor de distancia que además mida el ángulo y, en función de este, nos indique la distancia corregida de tiro.

Yo utilizo un monocularBushnell, pero todas las marcas importantes de óptica (Zeiss, Meopta, Swarovski) poseen aparatos similares y algunos son muy rápidos y precisos.

Por ejemplo, hace unos meses probé el Swarovski LR Range, que son unos binoculares-telémetro con inclinómetro con alcance superior a los 1300 metros.

Y, además de medir la distancia, calculan de forma muy rápida (en 1 segundo o menos) el ángulo y la distancia de tiro corregida (que aparece expresada en metros o yardas, según se programe, debajo de la distancia real). Realmente me parecieron magníficos y mucho más cómodos que mi monocular.

ERROR DE PARALAJE 

El error de paralaje es un error de puntería que se produce cuando no alineamos perfectamente nuestro ojo con el centro de la retícula del visor.

Los visores que carecen de mandos de paralaje se diseñan para que estén libres de este error a una distancia determinada, por ejemplo 100 metros en el caso de los visores europeos, 100 yardas en el caso de algunos visores americanos, etc.

Por tanto, cuando se dispara más cerca o más lejos se puede cometer un error de puntería que solo se puede evitar si el cazador es capaz de alinear perfectamente su ojo con la retícula, lo que no es nada fácil conseguir, sobre todo si estamos disparando con el rifle mal apoyado y con una posición de tiro forzada, típica por otro lado de la caza a rececho.

Para evitar alinear mal el ojo ayuda mucho utilizar un rifle con una culata en la que podamos apoyar bien la mejilla; y, en este sentido, son especialmente útiles las culatas que poseen lomo regulable en altura porque se pueden adaptar perfectamente a las características (altura) de las monturas del visor.

 

 

Por fortuna, si la distancia de tiro no es muy grande y el cazador tiene la precaución de apuntar viendo a través del ocular del visor todo el campo visual (de borde a borde), el ojo queda bien alineado con la retícula o casi y el error de puntería no se produce o no es lo suficientemente grande para fallar un animal de caza mayor.

Pero cuando las distancias de tiro son muy elevadas o las blancos muy pequeños, y encima disparamos con ángulos pronunciados y con apoyos y posiciones de tiro incómodas, el paralaje es un problema que solo se soluciona utilizando un visor diseñado para anular el error de paralaje a la distancia a la que vamos a disparar.

Distancia que, lógicamente, también tenemos que conocer, por lo que este tipo de visores se tienen que utilizar en combinación de, cómo mínimo, un telémetro o, mucho mejor, junto con un binocular-telémetro que determine el ángulo de tiro.

Por todo ello, salvo excepciones que nunca he entendido, las miras con más de 12 aumentos (14x, 16x, 18x, etcétera), que se supone que se van a utilizar para cazar a grandes distancias o bien para disparar a blancos pequeños, llevan mandos para anular el error de paralaje a la distancia de tiro que se va a utilizar.

Téngase en cuenta que cometer un error de paralaje, aunque sea muy pequeño, puede suponer un problema si se suman a este otros errores o imprecisiones.

Por ejemplo, un pequeño error de puntería sumado a su vez a la imprecisión de la cartuchería y la del arma. No olvidemos que los rifles y las balas comerciales son capaces de agrupar en determinadas superficies y que, por ejemplo, un determinado conjunto de rifle-munición que agrupe en 3 centímetros a 100 metros (casi 1 MOA, que no todos lo consiguen) lo hará en 12 centímetros a 400 metros, por lo que, aunque apunte muy bien el cazador, si comete un error de paralaje, aunque sea pequeño, puede fallar o herir y no cobrar la pieza.

 EL COEFICIENTE BALÍSTICOS (C.B) 

Aunque pocos cazadores lo suelen valorar como se merece, cuando se dispara a grandes distancias también es muy importante tener en cuenta, a veces más que el calibre a utilizar, el coeficiente balístico (en adelante C. B.) de las balas que vamos a usar.

Efectivamente, el C.B es la capacidad aerodinámica que tiene un proyectil para vencer la resistencia del aire que, al oponerse a su avance, lo frena y hace que pierda velocidad.

Depende de la forma del proyectil y de su densidad seccional (que matemáticamente es el cociente entre el peso del proyectil y su diámetro elevado al cuadrado) y numéricamente se expresa por una cifra formada por un cero seguida de tres dígitos.

Por ejemplo, 0, 371; 0, 470; 0,484; y 0,557 son cuatro ejemplos de C.B. reales de modelos de balas de diversos calibres que podemos utilizar en España.

Pues bien, sucede que cuanto más alto es el C.B. menor es la pérdida de velocidad que sufre la bala a medida que avanza, lo que significa también que el proyectil tiene una trayectoria más tensa (menor caída), se desvía menos por la acción del viento y, lo más importante, como consecuencia de la menor pérdida de velocidad que sufre, es capaz de alcanzar el blanco con mayor energía.

Matemáticamente se determina por la fórmula: C. B. = Peso de la bala en grains /7000)/Calibre en pulgadas al cuadrado X factor de forma, pero no es necesario calcularlo porque normalmente lo proporcionan los fabricantes de los cartuchos en sus catálogos e informaciones sobre la munición.

Además, en caso de desconocerlo, también es posible a simple vista hacernos una idea aproximada sobre si el coeficiente balístico de un determinado proyectil es alto o no lo es porque, por norma general, las balas que tienen puntas agudas y son alargadas tienen un C.B. mayor que las balas chatas y cortas.

Su papel en la energía remanente con la que el proyectil llega al blanco es tan importante que si nos tomamos la molestia de comparar los datos de energía de cartuchos menos potentes cargados con balas con un alto coeficiente balístico con otros más potentes e incluso de mayor calibre, pero cargados con balas que tienen un coeficiente balístico inferior, podremos comprobar que a partir de los 250-300 metros las balas de menor calibre (o las que desarrollaban una energía inicial inferior) alcanzan esas distancias con una energía mayor.

el-tiro-en-rececho-angulo-balasAsí, si comparamos la balística exterior del 6,5 Creedmoor, que dispara balas que pesan unos 130 grains y tienen un coeficiente balístico muy alto (mayor de 0,550 en casi todos los casos) con el .270 Winchester con balas del mismo peso (130 grains) pero con menor C.B., pese a que las del .270 desarrollan mayor velocidad inicial, la energía remanente del 6,5 Creedmoor es mayor a partir de los 300 metros.

He elegido como ejemplo el 6,5 Creedmoor porque se trata de un moderno cartucho que, pese a que aún no se utiliza mucho en España, cada vez está más de moda entre los cazadores de montaña de todo el mundo, precisamente debido al alto C.B. de las balas que dispara.

Y, por supuesto, también se puede observar el efecto beneficioso del C.B. en los tiros a grandes distancias comparando cartuchos del mismo calibre cargado con balas del mismo peso pero con mayor o menor coeficiente balístico.

Las que tienen un C.B. más alto siempre impactan con mayor energía a grandes distancias y, por tanto, son capaces de ceder más energía al blanco y de causarle, al menos en teoría, las heridas más importantes.

He escrito «al menos en teoría» porque evidentemente la capacidad de crear heridas importantes también depende de que la bala tenga un diseño interno apropiado para que se deforme y pueda ceder la energía que lleva a la presa.

Es decir, el C.B. solo es un indicador que nos permite saber si la bala impactará con una energía alta, pero no indica nada sobre la capacidad de deformación de la bala ni, por tanto, de si esta cederá mucha o poca energía a la presa.

Por esta razón, a la hora de elegir un proyectil de caza se tiene que valorar, según su diseño, la capacidad de expansión de la bala en el tipo de pieza en el que se va a utilizar, además de su C.B. si vamos a disparar a larga distancia.

Pero este tema no solo se sale ya de los límites de este artículo (restringidos a «coeficiente, ángulo y paralaje») sino que daría para escribir otro debido a la cantidad de tipos de balas comerciales que se comercializan y a la variedad de piezas españolas de caza mayor.

Queda en el tintero.

 

Fuente: trofeocaza.com

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